Por gusto o por necesidad, más bien por lo segundo, a la vista de la enorme tradición –por imperativo de la necesidad- de hacer pancartas habida entre la juventud de esta tierra, a sus máximos mandamases no se les ocurrió mejor idea que organizar un Concurso Anual de Confección de Pancartas; así las cosas, bajo el ingenioso reclamo de “Hay una Pancarta para ti”, se presentaron los “Encuentros de Jóvenes Pancartistas”, dictándose con premura sus bases y haciéndose público el premio a conseguir por el artista ganador: la posibilidad de confeccionar una tela en un estudio profesional (con los mejores medios a su alcance, claro está) y, posteriormente, la de publicarla y promocionarla incluso en Madrid. Y los jóvenes artistas, azuzados por la posibilidad de poder llegar a ser alguien en el mundo de la ilustración telar (excesivamente politizado en opinión de los organizadores del Concurso, aunque tal vez radicara en ello el celebérrimo éxito de las pancartas colgadas por calles y plazas hasta entonces, siendo como son y han sido siempre, por excelencia, expresiones reivindicativas y transgresivas más que meros objetos decorativos), entusiasmados los mismos por la idea, se fueron poniendo a la labor. Pasaron las preselecciones, cayendo en la primera criba las propuestas de slogans más ingeniosos y rompedores –curiosamente-, pasaron las elecciones (de las 11 telas finalistas) y, tras hacerlo las 4 semifinales de los Encuentros, llegó la gran final. El día en el que sólo una sería la elegida, resultando agraciada con tal Gordo una que, muy bonita, eso sí, perfumada incluso y pintada con guantes higienizados… ¡no decía nada! Una tela tan políticamente correcta como vacía de contenido. “¡Tongo!”, ¡”tongo!”, gritaban impotentes, en su ilusa esperanza, los seguidores de las obras desechadas; “¡tongo!”, repetían en su impotencia sin alcanzar a comprender el porqué de la victoria de aquella aséptica pancarta: muy bonita, tal y como ya hemos apuntado, pero sin nada que decir… ni en lo referente a su mensaje, ni al mundillo de las pancartas callejeras ni a la sociedad en general.
¿Qué pasó? Que la organización de “Hay una Pancarta para ti – Encuentros de Jóvenes Pancartistas”, en un intento de diluir y solapar el éxito de las verdaderas pancartas, esto es, las telas surgidas de la calle y para la calle, dio prioridad en el Concurso a aspectos tan secundarios en la confección de las mismas como el trazo de los slogans, el color de la pintura elegido o su “capacidad de transmitir originalidad”, en vez de al mensaje de los textos. A la forma en vez de al fondo… en un intento de primar –y premiar- el nivel de los pintores más que el de lo plasmado en las telas, cuando lo fundamental de las mismas, no lo olvidemos, siempre ha sido en esta tierra el mensaje a transmitir, no el arte con el que se hace. Y todavía menos el arte por el arte. Es que, si en el colmo de los colmos, por muy bien dibujada que esté la tela, no hay mensaje… Apaga y vámonos, no hay pancarta. Igual que no la haya. Así pues por eso premiaron la forma en vez del fondo. La chispa: en un intento de distraer el fondo de la cuestión, de no reconocer que en esta tierra, desde siempre, se habían hecho y se hacían pancartas de verdad, algo que, irrefrenable a todas luces, molestaba, al parecer. Unas pancartas que, más allá de su apariencia, incluso de aspecto cutre, cumplían con el fin de dar voz a los sin voz, diciendo las cosas más que cómo –en lo que a apariencia se refiere- cuando o como (de la forma que, esta vez) se tenían que decir.
¿Que no habéis entendido nada? Cambiar “Encuentros de Jóvenes Pancartistas” por “Encuentros de Jóvenes Artistas”, “pancartas” –y sus sinónimos- por “canciones”, “slogans” o “mensaje” por “letras de las canciones”, “pintar” o “dibujar” por “tocar” y entenderéis. En fin, Encuentros de Jóvenes Artistas otra vez, y ya van veinticinco, bajo ésta u otras denominaciones; Qué paripé, claro ejemplo de cómo el Gobierno de esta tierra, desde el Instrumento (perdón, “Instituto”) de la Jumentud, frente al éxito incontestable de las verdaderas bandas de rock de la calle, trata un año más de desvirtuar la realidad.
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