DESPUÉS DE 3 ARTEFACTOS CASEROS AUTOEDITADOS; DESPUÉS DE UNAS CUÁNTAS "COLADAS" EN PRENSA Y CD´s E INNUMERABLES HAZAÑAS BÉLICO-LITERARIAS A SUS ESPALDAS, EL PILOTO SUICIDA RECALA EN LA RED PARA SEGUIR PERPETRANDO SUS "ATAKES", TAL Y COMO SIEMPRE HA LLAMADO A SUS ARTÍCULOS. EL PILOTO, EL "SOLITARIO" DE LA LITERATURA, EN BUSCA DE SU MEJOR "GOLPE", OTRA VEZ EN RUTA. NUEVO ARTEFACTO LITERARIO DE CAMINO, SEGUIREMOS INFORMANDO!!
miércoles 4 de noviembre de 2009
LAS MEJORES JUGADAS EN GENERAL DE "AGUANTANDO EL TIRÓN", TERCER LIBRO DEL PILOTO SUICIDA!!
LAS TABLAS DE LA LEY
(NUEVA RESOLUCIÓN DE LAS NACIONES DESUNIDAS - MANIFIESTO´ 2009. DE LA SERIE “RESOLUCIONES NO SON SOLUCIONES”)
Desde siempre, desde que tenemos uso de razón, nunca hemos dejado de oír comentarios del tipo “qué mal está todo” en clara referencia a la situación del mundo; a los avatares que jalonan la existencia. Desde su ignorancia, el Piloto Suicida siempre ha dado en pensar que expresiones repetitivas como la citada tienen una claro objetivo: asustar, meter miedo al personal. Desactivarlo, en resumidas cuentas. Sin lugar a dudas se trata de soniquetes que son o vienen a ser como el del famoso cuento que nos alertaba de la llegada del lobo o, ya en nuestros días, como los que hablan de la “crisis”, de la sempiterna “crisis” que siempre hay en opinión de los que mandan, comentarios que el día que no los escuchemos, dicho sea de paso, será porque aquella exista de verdad. Y es que “qué mal está todo”, seguimos escuchando por el foro... Mas qué más da, nos repetimos en voz baja, pues, como ya hemos apuntado, desde nuestro no saber pensamos que igual no es para tanto. Que todo está mal sí, pero el lobo igual tarda en llegar. Siempre queda esa esperanza... y el reírse de ello ¿no? Pues siempre queda la esperanza de que tal vez mañana sea peor, habida cuenta de que las cosas siempre tienden a empeorar. Así pues, y a manera de antídoto antitodo, a continuación pasaremos a exponer una serie de medidas que si no para luchar contra ese mal que todo parece salpicar, igual sí que nos sirven para quitarle hierro – y sensación de derrotismo - al asunto, y por qué no, ya puestos... para posicionarnos contra manifestaciones suyas tan dañinas como la abulia, por ejemplo, esa abulia/miedo al lobo que nos termina paralizando y atacándonos de forma inmisericorde desde los distintos frentes de la vida. Tedio, aburrimiento. Derrotismo y seguidismo. Caravana y caras vanas, todos en fila india en dirección única por la autopista de la vida. No, se acabó: volantazo y de frente, a tomar por culo el lobo, que venga si se atreve. Así las cosas y frente a la tontería dominante, en estos tiempos de disfunción mental generalizada en los que pronto se pondrán de moda las operaciones de reducción de cerebro, en esta época en la que la turba parece reafirmar su personalidad mandando y recibiendo estúpidos mensajes por el móvil al tiempo que, hipnotizada o tal vez idiotizada por el aparatito, toquetea sus teclas al igual que décadas atrás lo hacía con las del reloj digital, frente a la empanada mental, a ese empantanamiento general tal vez indicador del final de los tiempos, El Piloto Suicida cree que ya ha llegado el día... de plantarse y de reírse, por qué no, y a mandíbula batiente. De incordiar, cuando menos. ¿Disfunción, impotencia cerebral, decíamos? Sí. Lo malo, lo peor es que no hay viagra para ésta...
Así las cosas, estamos en condiciones de proclamar que ya ha llegado el día de marcar las Nuevas Tablas de la Ley: El día de..
De construir un aeropuerto en el solar de la Zona 0: como ya no hay torres no chocarán los aviones - De pensar en echarnos en el monte en vez de al monte, y ya puestos, en el de Venus de aquellas que se presten - De que las únicas princesas con aspiraciones a reinar sean las braguitas de las chicas - De cambiar la música de los semáforos de los ciegos - De apostarnos cerca de ellos y apostar a ver qué pasa - De limpiar los barandados con aceite - De cambiar de banco los letreros de pintado - De regar las aceras cuando se anuncien heladas - De intercambiar en Navidad décimos del Sorteo del Niño con los herederos del Duque de Feria (a quien siempre le tocaba(n), recordemos) - De preguntarnos a quién le tocan los niños del sorteo - De sugerir que, alguna vez, sorteen alguna niña - De organizar en tan entrañables fechas manifestaciones de Reyes Magos, Olentzeros y depositarios del espíritu de Santa Claus y esperar a ver qué pasa - De pedirles los regalos a los camellos - De hacer las elecciones el Día de los Inocentes - De que los fachas navarros formen el Partido del Navarro Ausente, “ausentes” del mundo como están (o en su defecto, de que aterricen en la realidad) - De que estalle el obús, tanto esperar... Estamos más que preparados - De subvencionar la gasofa durante la noche de San Juan (por fomentar la participación ciudadana y ayudar a mantener las tradiciones, más que nada) - De cambiar el papel oficial de las instancias por papelillos de fumar - De poner de sintonía del Telediario “vamos a contar mentiras, tralará”, y de que el presentador, en vez de buenas tardes, grite ¡cómo están ustedes! al presentar las noticias - De que baje el vino, suba el pan (si es necesario)… y suba –a la cabeza- el vino- De servir el mosto en vasos de chupito y éstos en vasos de katxi - De cambiar el refranero, ahí van unos ejemplos: San Isidro labrador, poco mordedor; Tonificar el cuerpo, gin-tonificar el espíritu; Al pan, pan y al vino, más graduación (Jack el Desfasador) - De hacer “Medio día del club” en bares y demás antros: no cobran entrada y aportan más que el fútbol - De dejar de practicar el “karooque” (repetir caro o qué, qué caro o qué al tiempo que repetimos los precios por encima de la musical voz del camarero) en las tascas populares - De que en éstas no se incrementen los precios aprovechando las “fiestas” - De hacer O.M.G´s en vez de tanta O.N.G., ¡pa´ lante con la P.R.I.B.A.! - De llenar de whiski los vasos de las piscinas y de entrar en ellos en vez de con flotadores con pajitas - De colocar a los camareros de clientes y a aquellos de camareros... (Bueno, mejor no...) - De poner socorristas en los bares, también hay vasos ¿no? - De transformar en centros de “Todo a 100” los bares “donde se moja / con luces rojas” (¡Aúpa Robe!) - De levantar Gin – tonics parks en los pueblos, sean “costeros” o no (costeros de “costo”, evidentemente): el agua pa´ cubitos - De lanzar hacia abajo el txupinazo de los Sanfermines - De gritar ¡Beba! En lugar de ¡Viva San Fermín! (hipócritas que son) - De quemar la comparsa de gigantes y bailar al toro de fuego en su lugar - De darles “monguis” a los toros del encierro - De hacer una comparsa alternativa para pegar a los cabezudos - De poner ventiladores en los gigantes de nueva factura - De que éstos bailen trash metal, ¡fiestas para todos ya! ¡No a la exclusión social! - De llenar Iruñea del 6 al 14 – J de réplicas de la Fuente de la Navarrería - De que en la a sí misma llamada en el cancionero popular “ciudad sin igual” tengan lugar las procesiones por la galería subterránea; para algo la construyeron ¿no? - De que suenen temas de Narco, Soziedad Alkoholika y Pañuelos Negros como música de fondo en los fuegos artificiales (Pañuelos Negros: metal – extremo sanferminero) - De que los S.A. hagan un acústico (aunque sólo sea para decirle “h. de p.” a más de uno al oído) - De que Brujería haga una gira por Irak (Matando gueros´ Tour 2009) taloneando a AlQaeda - De organizar en las jaias, además de ginkanas, gin-kasnas, para que los borrachines también puedan participar: insistimos, Fiestas para todos ya - De introducir hielos en el bombardino de la Pamplonesa - De que ésta y Los Insoportables se intercambien los nombres - De que aunque estemos en fiestas no hagáis tanto el Carmina o el Diego Armando por los baños, que tras el blanco y rojo festivo después viene el blanco postsanferminero, tan delator y difícil de quitar - De nombrar al “pelusa” M. “jefe de filas” de lo que sea y regalarle un maillot - De que Ramón Sampedro comparta el cianuro: ¡Pásalo! - De que Dolores Vázquez nos mate... de gusto - De que Almudena Glandes pille ídems y deje de escribir - De reconocer que los “Bobones” no son como son por exceso(s) sólamente... sino también por defecto(s) - De que Osasuna no sea el equipo del S.U.P., tanto fichar “maderos”: ¡Que fichen futbolistas! - De que también los “grandes” hagan lo propio... tanto fichar futbo-listos - De que el Ministro de Defensa se pase a la delantera... o al centro - De que los conciertos de rock no empiecen con el “pitido inicial”, como si de un partido de fútbol se tratara - De que si un grupo no suena no se le eche la culpa al equipo por definición: que no sea éste siempre el culpable... al igual que los árbitros cuando no gana tu equipo. - De que los Beatles se disuelvan de una vez... o de que los disuelvan, si es necesario en zotal - De elegir delegado del metal por Gipuzcoa al cantante de Su Ta Gar - De que Oskorri haga una versión de algún tema de S.A. en su próximo CD en señal de reconocimiento hacia el popular orfeón de Gasteiz por su versión del Furra-furra (S.H.A.K.T.A.L.E., esa estaría bien) - De que el “boca lista” (más que vocalista) de Los Anoréxicos entre de profe en la Academia de O.T. ... - De que todos los grupos que se presenten a la próxima edición de los Encuentros del Gobierno de Nafarroa ganen ex – aequo el concurso y, acto seguido y según es tradición, se disuelvan - De poner bourbon en vez de agua a disposición de los ponentes de las conferencias de prensa - De ir a Tenesse y beberse el Jack Danniel´s - De okupar bodegas en lugar de únicamente casas que se caen - De robarle las llaves al repartidor del vino (yo para ser feliz quiero un camión... de tinto) - De bebérselo todo - De comprarle un coche al Piloto y sentarse a ver qué pasa - De pilotar a la contra como única salida...
Ha llegado el día, el momento. ¿De la destrucción? No, de la transformación. Al igual que ciertos Mandamientos éstos, a su vez, también se resumen en dos: quiérete un poquito (recuerda que la risa es fuente de salud) y reivindica la dirección prohibida. Estás en tu derecho, tú también puedes hacerlo, ¿no?
DÍAS DE UNIVERSIDAD
Ya han transcurrido unos años desde que el firmante de este libro, tras superar con éxito lo que entonces se llamaba el C.O.U. y la Selectividad, diera con su intelecto y su espíritu contestatario - por aquel entonces, pese a estar latente, todavía en el armario - en la Universidad. Y en la UN, en la elitista y mal llamada Universidad de Navarra nada menos. En la Universidad del Opus dispuesto a estudiar Filología, carrera que parecía atraerle: y es que el que vale, vale, y el que no... pa´ ciencias, que desde la ignorancia y cierto romanticismo decíamos entonces. Eso sí, otro gallo le hubiera cantado a nuestro amigo si la carrera elegida hubiese sido de letras... pero de cambio, de letras de cambio, Económicas o así. Pero no, Filología, esa fue la elegida, disciplina cuya apología o inducción a su estudio deberían ser incluidos como delito en el Código Penal... ¡Si no sirve para nada!
“Hay que estudiar / algo con porvenir / hay que estudiar / algo para escapar / una carrera con salida / que no sea filología... – que bien pudiera haber cantado La Polla -; deja de lado el latinito / que no has de ver ni un dinerito...”
Universidad del Opus, finales de los 80: he aquí el templo del saber por excelencia, el cielo en la tierra de la secta y sus mariachis, realmente: las gentes de la obra, encarnados de modo sin igual por los siempre acechantes numerarios, camuflados en ocasiones bajo la apariencia de “profesores” prestos siempre al abordaje, a los chicos ellos y a las chicas ellas, llegando durante las clases incluso a flanquear al catedrático de turno como los ladrones en la cruz a Cristo con el fin de mostrar su poder. Bienvenidos a un mundo fuera de tiempo y de lugar, a una burbuja en la que los Viernes de Cuaresma, en los bares de las distintas facultades, nunca había fritos que llevaran carne, por ejemplo, ¡y cómo te miraban si en tu desconocimiento los pedías! Bienvenidos a un lugar siniestro, lleno de ensotanados de sotanas negras como el tizón - como los sótanos de sus almas, tal vez - y de oratorios por doquier: de pequeñas capillitas distribuidas por las diferentes plantas de los edificios cual retretes para que los miembros de la secta hicieran sus necesidades entre clase y clase (necesidades espirituales, claro está). Bienvenidos a estudiar Teología por obligación cursases los estudios que cursases, a la UN, en resumen, la Universidad del Opus enclavada en Nafarroa y no por ello “de Navarra”, como se hace llamar, peculiar tinglado donde los haya montado en nombre de Dios, de la sabiduría y de nuestra preparación para “el día de mañana”, el cual se nos vendía como algo ya inminente, tal y como si, en nuestra asustada existencia, fuese el mismo a aparecer en cualquier momento de manos de un hada madrina poco menos, hada que tras tocarnos con su varita mágica trastocara nuestras vidas para siempre. Y pobre de aquel que no estuviese preparado... Ale, ya está aquí, ya ha llegado el futuro, ¡alehop! ¡el día de mañana!
Pero en el caso del Piloto algo salió mal, pues en medio de un gran “queme”, la citada hada madrina debió mostrarse ante él aunque tocándole no se sabe bien de qué manera, si con la susodicha varita o con qué... tocándole un barito, un “bareto” en suerte como futuro inmediato al tiempo que unas voces no se sabe si procedentes de su interior o de dónde le decían que se pusiera a trabajar, que en aquella universidad no pintaba nada. Y es que aunque había vocación, matricularse en aquel sitio vino a ser una equivocación total. Pero aun así, a pesar de todo, en aquellos tiempos nos costó ver lo que había, que aquel tiesto no era el nuestro; y eso que a priori no entendíamos la Filología como el resto de los estudiantes, como la carrera con salida un tanto gris que deparaba: con un poco de suerte terminar dando con tus huesos sobre la tarima de un instituto, repitiendo tal que un loro año tras año las vidas de los mismos escritores. No, la Filología tenía que ser algo más, - pensaba el Suicida para sí; pero aún había más peros, más reparos en su ser, pues por si esto no fuera suficiente, en aquellos días grises de Universidad y dudas también le inquietaban ciertas cuestiones relacionadas con las enseñanzas recibidas, sobre todo con lo referido a su metodología: ¿Por qué en las carreras de ciencias desde el primer día se tiende a experimentar, a resolver problemas... más allá del estudio de las vidas de Pitágoras, Newton y demás, mientras que en las de letras se obra al contrario, exactamente? Sí, detrás de lo que allí llamaban Filología tenía que esconderse algo, otra cosa diferente a ¿aprender? no, a memorizar cientos y cientos de datos biográficos y de títulos de libros, por ejemplo. Además, ¿Por qué no se analizaban las obras literarias con libertad? Porque podíamos pensar, algo que allí no interesaba. Sin lugar a dudas, la mal llamada Filología y los estudios que se hacían en su nombre tenían que ser otra cosa y tenían que poder ser vividos de otra forma, más al “filo”... y desde el oxigenante ojo del huracán del derecho a no tragar por sistema: más bien del de a discrepar y de cierto derecho a la creatividad. A intentar escribir tu obra en caso de sentir esa necesidad, algo evidente, pues en el caso contrario... ¡no habría habido ninguna que estudiar! Y esa idea le empezó a rondar a nuestro amigo durante aquellos días de frustración y tedio: escribir su obra más que pensar en ser profesor, habida cuenta de que tal y como decía Bernard Show, “cuando un hombre no sabe hacer una cosa, la enseña”. Como los críticos musicales por poner otro ejemplo, que por eso son críticos en vez de músicos. Y escribirla de forma frontal y decidida, desde la dirección prohibida. Eso intentaría hacer alguna vez, más adelante, quizás. Perpetrar una obra que más que un bombazo supusiera un zambombazo, literario o no: un sarpullido, una llamada de atención frente a tanto saber teledirigido, tanto pesebrismo y tanta reverencia y sumisión. Escribir una obra irreverente y no sumisa que más que en los géneros al uso sólo pudiera ser tratada como un degénero y cuyos objetivos fuesen variados y desvariados por igual: en primer lugar, abrir cabezas, esto es, hacer pensar, provocar y entretener - en este orden –, y más allá de éstos los siguientes: intentar ser el Evaristo de la literatura, chapotear donde otros se mojan - en vez de mojarse simplemente, lo cual, de por sí, tampoco está mal del todo en estos tiempos que corren - y tratar de liarla gorda en vez de desfacer entuertos, metiendo el dedo en la llaga para ahondar en la herida si fuese necesario... ¡Os vais a enterar! - parecía pensar aquel alumno díscolo al tiempo que, cerrados los ojos, escapaba del sopor de clase relamiéndose de gusto...
Así las cosas, finalmente, ¿cómo se le acabó mostrando al citado la Universidad? Como algo insoportable y excesivamente cerrado, encorsetado, lo contrario justamente de lo que había esperado de ella: como un jardín de rosas impoluto donde todo era bonito, como un campo vallado y excesivamente cuadriculado en el que era imposible curiosear... cuando en sus pensamientos él la había concebido como una campa abierta en la que formarse y adquirir conocimientos libremente por medio de la experiencia; ¡él que pensaba en correr y en abrirse a nuevas metas... mientras que allí se leía “No pisar”, “No tocar”... “No pensar”! ¡Si hablabas de escribir y te llamaban “soñador”! ¡y estando en Filología! ¿qué hacíamos allí si nosotros mismos, los filólogos no podíamos ser un poco soñadores? Por otro lado, ¿Cómo se le mostraron los estudiantes? Salvo honrosas excepciones... como una panda de adocenados presuntuosos siempre predispuestos a reir las gracias del profesorado, como un tal Beorlegui que en los cursos primero y segundo ocupaba las primeras filas de asientos, aunque en tercero las cosas, a una con su (des)ilusión, principiarían a cambiar. Y es que, en el fondo, aquella Universidad pretendía lo imposible: ponerle puertas al campo, y en nombre del “aprendizaje”, de nuestra formación... - o deformación más bien - y de Dios y su presunto siervo Josemari; pero no a un campo cualquiera: nada menos que al de la sabiduría verdadera, la que emana de la libertad y el librepensamiento... algo que allí estaba prohibido. Y por si lo dicho fuera poco, ponerle dobles puertas de la mano de su férrea vigilancia vía numerarios y su rancia moral. No, seguramente el tal Óscar Beorlegui nunca se licenciaría allí en Filología ni en Filosofía y Letras; más bien terminaría haciéndolo en Filosofía y Litros... por diversos bares, auténticos centros de saber y verdaderas facultades de la Universidad de la vida. Y así se fue fraguando lo que es a día de hoy: un punk de espíritu con inquietudes literarias y una gran cresta en el alma. Sea como fuere, un nuevo ser comenzó a emerger en su interior como si de un alien se tratara; aunque aún tardaría en nacer, la cosa iba cobrando vida, no cabía ninguna duda. El veneno había sido inoculado y no existía antídoto con el que contrarrestarlo. Había y habría vida, sí, la habría más allá de la Universidad; frente a la negritud triunfaría el librepensamiento y saldríamos del túnel para siempre. Pronto vería la luz El Piloto Suicida.
COGIDOS POR LOS HUEVOS
Vivir, el hecho de ser concebido y de nacer es gratix, esto es irrefutable. Lo cierto es que nada más barato que concebir y parir: no es necesario presentar formulario ni solicitud alguna, ni siquiera un papel que acredite una mínima vocación al menos por parte de los futuros padres. Además el hecho de unirse entre dos personas bajo la fórmula o ritual que sea también es relativamente asequible, más allá de la tontería de cada cuál. Pero luego resulta que, a la vuelta de los años, comienzas a comprobar que el hecho de vivir ya no lo es, que hay que pagar incluso por respirar: al menos si quieres hacerlo en un lugar de tu propiedad. Así las cosas, bienvenidos al mundo de las “tecas”, las hipotecas... que quitan el hipo, pues hay que ver a cómo está el metro cuadrado de aire. Y es que la vida en sí se nos da gratix pero lo cierto es que a partir de ciertos años hay que pagar por vivir cuando no vivir para pagar: hábil señuelo para engatusar.
¿Engatusar, hemos dicho? Sí. Como cuando regalaban los móviles a mediados de los noventa, por ejemplo, es que es de cajón: es que si no los teníamos no podíamos ¿hablar? No, gastar, ¿vais comprendiendo? ¿o acaso pensais que a las distintas compañías “timofónicas” les importa vuestra comodidad? Como el hecho de que todavía a fecha de hoy, Septiembre de 2004, puedas comprar un reproductor de DVD´s por un precio irrisorio, ¿acaso no os da que pensar el hecho de que cueste más el compacto a visionar que el reproductor? Como la vida misma, y es que esto es lo pasa con el hecho de nacer: ¿por qué es gratix, gratuíto el venir al mundo? Porque si no lo haces no puedes consumir. Así pues, qué mejor que que sea gratix, una inversión pa´l sistema, en el fondo: He ahí a nuestro entender los motivos de que cada día haya más facilidades o ayudas a las familias “numerosas” o más predispuestas a aportar clientes a las multinacionales, capitalismo puro y duro: si no nacen nuevos seres, ¿quién pagará los impuestos? ¿y los desfalcos? ¿Quién trabajará por y / o para ellos? En cualquier caso, sea como fuere, seamos “fruto del amor” sin más o no, bienvenidos a la carrera de pagar a partir de cierta edad: he aquí con todos ustedes el préstamo hipotecario, las letras de los coches, la de la nueva plaza de garage, los recibos de los colegios de los nenes, los del profesor particular, la residencia del abuelo, el canal digital, los intereses de los tres mil euros que pediste a Timodis sin mayor necesidad, los plazos del último artilugio inútil que adquiriste en “tele – tienda” aquella noche que no lograbas conciliar el sueño, la obra de la casa del pueblo que alguien se ha empeñado en perpetrar... y no les digo cuando les toque depositar cualquier tipo de fianza en los juzgados porque el otrora bebé encantador se ha convertido en un niño malo, malo, malo, abonar a la ex el impuesto revolucionario de la pensión alimenticia, a la patrona el de la pensión en la que tienes que malvivir porque un juez te ha botao de casa o sufrir cualquiera de las restantes estaciones de carácter económico de las que jalonan el viacrucis de la separación. Y es que en realidad lo gratuito es caro, y siempre. E interesado, añadimos.Y vemos y comprobamos que tal y como nos decían de pequeños en la escuela, “la letra con sangre entra”. Que estaban en lo cierto. Con sangre, sudor y lágrimas... pero la del banco, la letra bancaria, la cantidad que aparentemente te han “prestado”, já, nada más lejos de la realidad. Inocente, si lo que menos les importa a ellos es tu bienestar. Nadie da duros a cuatro pesetas, mucho menos euros... y todavía menos los bancos, y así es como el vivir se convierte en sinvivir, de qué modo pasamos por la vida entre unas cosas y otras: cogidos por los huevos, ya seas joven, adulto o viejo, pues vivimos en un mundo cuya fortaleza radica ahí, precisamente, en tenernos agarrados, de forma sibilina pero cogidos, en un sistema en el que todo es una farsa interesada que nos es vendida como lo mejor, como “el mejor de los mundos” por medio de todo tipo de artes de birlibirloque, juegos de encantamiento y de palabras: así se le llama “democracia” a la nueva tecnocracia, “calidad de vida” al vivir subyugado, “libertad sin ira” al fascismo, “manifestación espontánea” a la orquestada y “orquestada” a la espontánea – y más si es ante las sedes del PP -, “libre elección” a la posibilidad de elegir cada cuatro años entre blanco o más blanco o “independencia” a la nueva esclavitud, el grillete hipotecario. Y así discurren nuestras vidas, entre el tedio y los pagos, cogidos de las pelotas como estamos por todo tipo de apandadores: banqueros, patrones sin escrúpulos, ETT´s, los viejos roles... Y comprobando, por si fuera poco, cómo todo encaja con una precisión milimétrica: los cierre de empresas “por la cara” en las zonas políticamente conflictivas para que la juventud tenga que emigrar, esto es, para que deje de dar problemas y de pedir la “independentzia”, la facilidad para entramparte con el banco de por vida pese al contrato basura que te ofrecen... algo que, en principio, pudiera parecer contradictorio. Pero no, nada más lejos de la realidad, pues cogido por los huevos y bajo esos chantajes / condiciones laborales, ¿quién se atreve a protestar? ¿quién coordinará una huelga? ¡Si te van a despedir y no te van a volver a contratar! Y paga el coche, el tunning, las fiestas y la casa... “Flexibilidad del mercado laboral”, “deslocalización”, já. Que alguien me lo explique...
“Bah, tampoco hay que ponerse así, que son cuatro días”, - escuchamos en el bar y de boca de un obrero, para colmo. De un ser pisoteado que en su ignorancia, si se podría levantar, lo primero que haría sería rendirle pleitesía a su patrón en vez de partirle la cara. ¿Cuatro? No, sólo es uno, un día en el que llueve, está nublado o brilla el sol a ratos, entre chubasco y chubasco. “El tiempo está loco”, se dice por ahí. Y la vida, también a ella la hemos vuelto loca. La vida, la cual, según un tal Marcelo Carlos, es una fiesta: lástima que no sepamos el lugar de la misma ni la fecha.
RICOS Y POBRES: ESTUDIO Y REFLEXIONES ACERCA DE DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS
Los pobres huyen de la miseria, los ricos de sí mismos, tras sus guardas y las vallas de sus casas. En su pecado llevan la penitencia y sus mansiones terminan siendo cárceles en nombre de su seguridad. El pobre, en ocasiones, puede acabar ahí, en el maco, bajo la mirada de los carceleros. El rico convierte su mansión en càrcel bajo la de su escolta personal, su único amigo y con dinero de por medio. El rico odia al pobre como el preso al “boki”, quien, en el fondo, le envidia, pues tarde o temprano se va. “Eh, agur bokeras, yo me voy y tú te quedas...”
Los pobres no tienen el estómago tranquilo, los ricos, la conciencia. Ah, pero ¿tienen conciencia? Y cuanto mayor es su intranquilidad mayor es su inversión en vídeo – cámaras, seguratas y alarmas. Pobre rico, si el que va a ir a por ti lo va a conseguir igual.
Los ricos son pobres de espíritu, hipócritas y falsos, por eso montan oenegés, verdaderas lavadoras de conciencias... y dinero, seguramente. Los pobres trabajan a pie de obra y son ricos en vida interior. Pero de eso no se come.
El rico es triste de por sí, hay ejemplos de sobra: Cristina Onassis, Lady Di, la princesa japonesa... Y es que el dinero, aunque sobre, no da la felicidad. El pobre sí puede ser feliz.
El rico vive, el pobre, en el mejor de los casos, sobrevive. Esto es, vive del sobre y con apuros. Y en los peores casos, de las sobras.
A un rico, cuando delinque, se le llama “presunto” delincuente hasta que no se demuestre lo contrario, cosas de la “presunción de inocencia”; un pobre, en las mismas circunstancias, es un delincuente para siempre y por definición, incluso aunque sea declarado inocente. Para él la presunción es “de culpabilidad”, tal y como sucede con esos pobres de nuevo cuño, los llamados “indocumentados”. Algo que no son y que, en otro orden de cosas, todos hemos sido alguna vez, pues hasta una edad determinada nadie tiene documentación.
Los delitos de los ricos, nuevos ricos o ex Presidentes de Gobiernos Forales – por ejemplo - son “presuntos” hasta que prescriben, los de los pobres pronto pasan a ser “causas” que se van acumulando con el tiempo.
La pobreza crea racismo, la riqueza, rancismo.
Hipócritas, y encima decís ir a Marte o a la luna para ver si hay vida. Buscad primero en este mundo y sin necesidad de ir a África para hacerlo, mirad en los barrios populosos de cada ciudad. ¿Para qué ir en su búsqueda al espacio, para putearles también en el caso de que haya? ¿no teneis bastante con amargarnos la vida a nosotros, los terráqueos?. Y es que, en el fondo, la pobreza es algo intrínseco al sistema, un eslabón del engranage realmente necesario para que el mismo funcione. Algo estructural, no pasajero, que es importante que exista para asustar de este modo a los que aún no lo son por medio de herramientas como el paro orquestado o la precariedad, vía ETT´s: Umano no es Humano, ni Iruñampleo o Laborman, añade los nombres que conozcas a la lista. “Si eres malo te verás así”, he aquí lo que se nos quiere transmitir a una con el presunto contrato “temporal”. Y es que prácticamente ya no hay “indefinidos”, es más, en la expresión “contrato indefinido” la palabra “indefinido”, en vez de “sin fin”, a saber ahora qué significa: no definido, cuando menos. Además, acabar con la pobreza no interesa de la misma forma que tampoco resulta de interés terminar con lo que llaman “terrorismo”, la lucha del pequeño contra el grande por excelencia. Si no ¿a quién culpar de todos nuestros males? ¿sobre qué desviar la atención, la preocupación motivada por otro tipo de problemas, normalmente más graves? Pero siempre queda la esperanza de que algún día los pobres aprendan la lección, pues el que nada tiene nada tiene que temer. Además, si en el fondo todos somos iguales; ¿qué son seiscientos euros para un rico? Nada; ¿y para un pobre? Nada, desde que no los tiene. Pero al loro, que con ser malos los ricos aún hay gente peor: los que se autodenominan “amigos de los pobres”, “curas, monjas y frailes, vosotros sois el fraude”, que cantaban Las Vulpess. De esos sí que hay que desconfiar; además cuanto mayor es el grado de recogimiento o de piedad que sugiere el nombre de la comunidad de que se trate menor es su presunta actitud desprendida o supuesta caridad: Hermanas Hospitalarias, Hermanitas de los Pobres, La misericordia, Hijas de la Caridad...
Un pobre en la mesa come, un rico se preocupa más de aparentar refinamiento, modales y de guardar la compostura, porque sabe que no se lo ha ganado. Y un último consejo antes de terminar: la próxima vez que te cruces con un rico insúltale aunque no sepas por qué, tal y como ordena la sabiduría popular. Seguro que él sí lo sabe.
CLIENTELA, VAYA TELA: EL OTRO LADO DE LA BARRA
Desde la noche de los tiempos por todos es sabido que más allá de credos, razas o religiones, dentro de los confines de la Tierra habitan dos tipos de personas: los camareros y los clientes, especie ésta última en continuo estado de expansión y totalmente necesitada de los primeros para su subsistencia. Y es que aunque desconozcamos las razones, no sólo de pan vive el hombre, como cantaba Robe Iniesta; así las cosas, ¿qué encontramos en los bares? ¿por qué tal y como dice la sabiduría popular, los ricos van al psicólogo y los pobres, al bar? Más allá de esto, ¿por qué los ricos también van a los mismos? ¿qué hay en tales lugares que no haya en nuestras casas? Pues qué va a haber, eso que tanto nos gusta: libertad mal entendida o, lo que es lo mismo, libertinaje y libre albedrío en su nombre, confianza - más tomada que adquirida - y patanes a patadas principalmente... y hechos a nuestra imagen y semejanza, como el que todos llevamos dentro y que en los bares, más temprano que tarde, siempre termina por mostrarse.
EL BAR: APOLOGÍA, DEFENSA Y DESAGRAVIO DE LOS MISMOS, EL “MÁS ALLÁ” DEL HOGAR
Ah, el bar: el único y verdadero hogar de tantos más allá del propio, el auténtico reino ¿de los cielos? O de los “ciegos”, más bien, donde incluso el último mono puede campar a sus anchas y sentirse rey: la tierra prometida, la ínsula Barataria tantas veces soñada por Sancho Panza... Por cierto, en los delirios de Alonso Quijano ¿tal vez la misma no sería un bar, el “Bar Ataria”? En cualquier caso, he aquí a modo de introducción una especie de apología o defensa del bar, un acto de desagravio hacia el sugerente, racial e imprevisible mundo de los bares, lugares tan denostados y tantas veces atacados sin razón a los que se sabe cuándo y cómo se entra... pero no cuándo se sale. Ni cómo, si a dos o a cuatro patas, ah, los bares: la patria de los sin patria, la de tanto caballero andante de esos de copa, copita o copazo que, en buena parte, creen saber de todo cuando no saben de nada... Que la tierra es redonda como un balón de reglamento, tal y como oyeron una tarde en un programa deportivo. Redonda como ese esférico que tanto les hipnotiza / idiotiza los Domingos, pues de eso sí que saben... además no hay más que ver cómo aciertan las quinielas y las “porras” futbolísticas semana sí, semana también, ¡qué magisterio de autoridad! Y es que cuando echan fútbol por televisión estos santos lugares son tomados al asalto por una curiosa clientela ... pero eso es otro tema. No obstante, y ya que ha salido, El Suicida os va a hacer una confidencia: ¿por qué creeis que cuando el presentador del Telediario quiere que estos personajes se enteren de una extensión cualquiera (por ejemplo, la de un paraje asolado por un incendio) traduce la misma a campos de fútbol? Y es que en Europa hemos pasado en general de la Santa Liga y de las ligas santas de la Edad Media a las “ligas de las estrellas”, siendo cada vez más los europeos que tienen el bulbo raquideo con forma de balón.
Los bares, en resumidas cuentas: esa especie de terruño comunal tan de todos y de nadie y que tras la jornada laboral linda al norte con el curro y al sur con la anodina vida familiar, ese espacio concebido para el relax físico y espiritual como si de una suerte de balneario se tratase, de “barneario” en el que tomar los “rayos uva” por dentro (esto es, un buen palmero de tinto) en compañía etílicamente correcta, con otr@s como tú, donde bañarse interiormente disfrutando de ese más que ganado chapuzón... y, por otra parte, los únicos lugares donde se materializa el célebre slogan bíblico de que “los últimos serán los primeros”, pues, indefectiblemente, los últimos en marcharse suelen ser, a una con el nuevo día, los primeros en entrar. Los bares, esa suerte de “barbecho” de puertas para adentro, porque es tiempo de descansar, de trasegar sin cuartel tras el trabajo bien hecho. O mal o sin hacer, directamente, eso es lo de menos. Además todos tenemos nuestro bar y nuestro barman de cabecera. Lunes, martes, miércoles / mirando hacia el bar / es un buen lugar para irse a olvidar / dejé a mi familia frente al televisor / con el de la barra me siento mejor... – que cantaran Los Anoréxicos.
Y tras hablar de los bares hagámoslo de l@s clientes, de esos seres tan... dejémoslo en peculiares o de educación especialmente peculiar (eufemismos al poder, sí señor). Ah, l@s clientes ¿qué decir de ellos, antes de entrar en materia? Que no sólo hay “buen@s” y mal@s, sino más bien mal@s y peores, dicho esto último sin ánimo de generalizar, pues al igual que en todas partes, al otro lado de la barra también hay gente excepcional... mas como lo dice la palabra esos son la excepción. Así las cosas los agruparemos en dos bloques: en el de los que intentan pasar desapercibid@s (al igual que los buenos árbitros) y en el integrado por aquell@s que a la mínima ocasión y bajo cualquier precepto intentan dejar clara su condición, no dudando en identificarse como tales exclamando a voz en grito “soy cliente” tal y como Antonio Molina se proclamara minero o, rizando el rizo de lo cutre, profiriendo la expresión “yo soy cliente habitual”, siendo éstos los peores, sin duda. Mas ¿por qué obran así? ¿con qué fin? ¿con el de tratar de ningunear al camarero? ¿con el de mostrar su prepotencia y demostrarle quién manda porque paga? ¿con la intención de “ponerle en su sitio” – en su opinión- ? ¡Pobres diablos! Queda abierta la veda, vayan por ellos estas líneas.
CLIENTE Y “CLIENTE HABITUAL”, BARES Y DESBARRES: EL OTRO LADO DE LA BARRA... PROPIAMENTE DICHO
Así pues, estudiemos de cerca a esos seres a los que ya hemos calificado como “peculiares”, esas personitas que viven, beben y desbarran al otro lado de la barra, sin cuya presencia no se entendería el mundo y que en los mejores casos no dudan en solicitar la atención del camarer@ mediante toses o carraspeos, silbidos, la emisión de chasquidos, palmadas, sonidos como ¡eh! u onomatopeyas como ¡chis! o, en los menos, dándole al mismo los buenos días, las buenas tardes o las buenas noches como ser humano que es... aunque se encuentre al otro lado de la barra. Además, ¿quién no ha sido cliente alguna vez? He aquí las verdaderas almas y motores de los bares, sus principales moradores y razón de ser, pues al igual que sin mata no hay patata, noche sin día o gin kas sin ginebra tampoco habría bares sin ellos, sin la presencia de esos seres cuyo comportamiento en el caso del a sí mismo llamado “cliente habitual” (del que aquí mayormente vamos a hablar, vayámonos centrando) viene a ser como el de los pasajeros del Titánic mayormente, siempre gesticulando y protestando por todo como si se estuviesen ahogando, cuando en ese caso, si lo están haciendo, es en alcohol... y para desahogarse, según ellos. Es que hay que ver lo que sufren, cómo les trata la vida en comparación con cómo nos trata a los demás. Lo necesitados que están de camarer@s - klinex y conversación, que para eso pagan. Ah, el otro lado de la barra. ¿Hay vida o bebida sólo? De película lo suyo, vaya, de película de risa o miedo, siempre a caballo entre la humorada, la tragedia y la tragicomedia, como su vida misma. De cine y de alucine el mundo de los según ellos “clientes habituales”, grupo en el que además no podemos menos que incluir a unos individrios que en materia de (no) saber comportarse también brillan con luz propia y se las traen: los hipócritamente sonrientes y abiertos al diálogo vecinos “enrollados”, gentes que según ellos también han sido jóvenes, que también se denominan “habituales” (¡horror!)... e incluso más, ya que lo son incluso por imperativo residencial, y que qué casualidad... casi siempre residen en el piso inmediatamente superior del local, dándose la curiosa paradoja de que cuanto más tiquismiquis es el vecino en cuestión más inmediatamente cercana al bar se encuentra su vivienda... con lo que esto significa de tenerles que reir las gracias, invitarles y rendirles todo tipo de atenciones y pleitesías para que a la hora de la verdad llamen a la Policía Municipal y te denuncien de igual modo, por experiencia. En resumidas cuentas, ¿”habituales”? no, gracias, vaya tela. Vaya tela en general, ¿por dónde empezamos a cortar?
Por su comportamiento, como ya hemos apuntado. Es que en los peores casos no es que te paguen el sueldo o que como dicen te “mantengan” (tu trabajo no cuenta directamente, así te lo hacen ver), es que el trato para con los camarer@s deja mucho que desear; el a sí mismo llamado “cliente habitual” es casi siempre un humano de mirar huraño y que, al contrario que su vaso, siempre lleno, está vacío por dentro: es alguien que vegeta, que vive en el bar y que más allá de que haga gasto o no lo que sí consume con fruición es la paciencia del camarero, al que “abrasa” de modo inmisericorde para parecer interesante a ojos de los demás, a los de otros pobres desgraciados como él con los que termina hablando ¡del camarero y sus cosas, principalmente! cuando no, en los casos más graves, con los colegas del citado si le van a visitar. Cogiendo vela en un entierro al que no ha sido invitado, metiéndose en conversaciones ajenas porque, insistimos, está vacío y con algo se tiene que llenar. Pero aún hay más, pues por si el sufrir sus impertinencias no fuera suficiente, ríeles las gracias cada día y aguanta sus cambios de humor aguantando mecha como si tal cosa, y sus buenos y malos humos, simulando cara de interés y de hacer la reverencia, pues debe ir incluida en el precio de la consumición, siempre cara, por cierto. Y es que a eso van al bar, en realidad: a oir cómo les dicen “señor”, “qué desea el señor”, “sí, señor” o “tiene razón, señor”. A eso, a llenarse, a salir henchidos, ebrios de vino y autoestima. A comprarla, igual que aquel. A pensar que alguien les aprecia... porque pagan. A engañarse consciente o inconscientemente para marcharse autoengañados y contentos, jodidos pero contentos hasta el día siguiente. ¡Ay, l@s camarer@s, lo que tenemos que aguantar tras la trinchera! ¡Y que aún nos compadezcamos de los que trabajan en las fábricas con piezas! Os conferasé una cosa: el Suicida no sabe qué es peor a fin de cuentas, si hacerlo con éstas o con personas, y eso que su experiencia al otro lado de la barra, más allá de los inevitables roces con los payasos de turno, no ha sido especialmente desalentadora. Le han tocado buenas plazas, podría haber sido peor.
Pero lo visto hasta ahora, el que este tipo de clientes siempre se crean en posesión de la razón e incluso de la piedra filosofal, si me apuran, con ser malo no es lo peor: lo que los hace especialmente insoportables es que se crean más que los demás, que el camarer@, principalmente, llegando a dar por sentado que el hecho de que aquel trabaje con ellos.. significa que lo hace para ellos, colocándolo por ello automáticamente por debajo suyo en su escala de valores, nada más lejos de la realidad. O en los casos más extremos, el no poder entender que según su vara de medir (peculiar, claro está) el barman pueda ser más que ellos en ciertas materias. Y esto salta a la siempre sagaz vista del camarero desde el principio. Desde el primer momento en el que según se desarrolle la conversación que, por otra parte, le están obligando a mantener, éste advierte cómo le empiezan a mirar. Y ojo que aquí no se ha dicho que nadie sea más que nadie: “según su peculiar vara de medir”, hemos apuntado, la de aquellos, tan peculiar como fiable. Portadores de verdades absolutas como si el Espíritu Santo se les hubiera aparecido bajo la apariencia de botella, botellín o botellón dotándoles de la mayor de las infalibilidades, lo cierto es que si uno de éstos se cruza en tu camino, hagas lo que hagas estás condenad@, compañer@: a la menor ocasión se te echará al cuello para, al día siguiente, tratar de justificar su comportamiento bajo cualquier excusa tonta o estúpida... como él: que estaba “borracho”, por ejemplo. Y es que dan por hecho que al camarero las cosas le tienen que ir mal, como ser inferior que es para ell@s, y que no puede ser otra cosa; ¿un camarero con aspiraciones? ¡por favor!, ¿dónde se ha visto, estando para servirles como está?. Que estaba “ciego”, já. ¿Y qué día no, nos preguntamos?
Y en el caso de que el responsable de la barra tenga vicios inconfesables, como escribir, por ejemplo, ya es el no va más, pues este tipo de personajes incluso te dan los libros hechos de la mano de sus ranciedades u “ocurrancias” (digo “ocurrencias”, en qué estaremos pensando); y desde aquí nos volvemos a preguntar: y si esto es así, ¿por qué no escriben libros tod@s l@s camarer@s que en el mundo son? ¡con la de clientes inspirados que hay, por no hablar de “iluminaos”! ¿escribir, hemos dicho? ¡para qué! ¡si ya te los dan hechos! ¿por qué no publican libros todos ellos? ¡Lo que hay que aguantar, cuando todo lo que sueltan entre trago y trago por sus boquitas de piñón no es sino puro chapapote etílico, como lo que largamos tod@s cuando salimos de bares, por otra parte. Aunque mirad, igual tienen razón, pues este “atake” sí me lo inspiraron algunos con su comportamiento. No daremos nombres, los que sean cofrades que aguanten la vela sobre sus conciencias. Durante muchos años, tiempos ha, El Piloto alternó su trabajo al otro lado de la barra con ciertos pinitos literarios y algunas incursiones en la prensa escrita, y no veais todos los que se creían con derecho a opinar, a dar ideas - presuntamente - , a reivindicar la paternidad de otras como propias o a decirte que iban a enviar cartas al director del medio en cuestión pidiendo explicaciones o tu cabeza directamente, cuando no a sacar faltas con total impunidad. Y a malas. “A sacar faltas al Sadar”, les contestaba entonces. Y la práctica totalidad de las conversaciones que indefectiblemente terminaban con el mismo soniquete: “apunta para el libro” o “no nos saques en tu libro”, y tanto libro pa´ aquí tanto libro pa´ allá cuando el único libro que la mayoría ha visto en su vida ha sido el librillo del papel de fumar, el del papel de envolver los puros o liar los canutos. “Apunta para el libro”, “apunta para tu libro”. Apunta, apunta... siempre lo mismo, cada día siempre igual... hasta el día en que me harte, me agencie una recortada y les apunte de verdad. Menos mal que al menos temporalmente, he abandonado el oficio. Será que en el fondo aún les quiero...
EPÍLOGO. LA HORA DE CERRAR (A RITMO DE PASO DOBLE DEDICADO AL CAMARER@)
En fin. Así las cosas, ante estas graves circunstancias y como miembro del gremio hostelero, algo que siempre se considerará vuelva o no a ejercer la profesión, el Suicida no puede menos que solicitar con carácter de urgencia la aplicación de dos medidas como reconocimiento para con el personal que se lo curra al otro lado de las barras: la implantación de un año de mostrador obligatorio - como el antiguo servicio militar - para tod@s mal llamad@s “clientes habituales” (¡anda que no iban a aprender educación, respeto, comportamiento en sociedad y saber estar!) y, por otra parte, el pago de un plus de peligrosidad para l@s camarer@s por trabajar con componentes peligrosos... y de naturaleza humana, para colmo. Sin lugar a dudas nuestra salud psíquica peligra: ¿hay algo más dañino que tener que convivir a diario con personalidades débiles o vacías, con cerebros desequilibrados, malintencionados y dispuestos un día sí y otro también casi siempre a hacer el mal?
Y en la recta final, antes de terminar, un recuerdo especial para tod@s l@s barmanlaris en su totalidad, esos seres entrañables que al igual que los curas, las estrellas del fútbol, las de la canción o los críticos musicales tienen a bien trabajar cuando el resto está de fiesta, esos individrios que al igual que los chóferes de los quitanieves... también curran entre “copazos”; tod@s es@s tira vinos y tira millas por la barra, siempre dispuestos a echar la penúltima y a escuchar... algo que, en casos extremos, logran hacer aun sin oir, el más difícil todavía. Como cuando almuerzan o pican algo en público, sea lo que sea mas casi siempre “a la brasa”, entre la misma letanía: “joer cómo te pones”, “joer cómo te estás poniendo”, “ya comes, ¡eh!”... “brasas” que es la gente, si parecen de Barillas o de la sección de “chapa” de la Wolsbajen, tanto dar la “vara”... Un saludo para todos es@s galáctic@s del abridor que tal vez porque se pasan la vida tras las “cámaras” acaban siendo un poco actores, y también para la parte del gremio integrada por los cocineros, esas gentes tan especiales, capaces de guisar y trasegar cubatas a la velocidad del diablo, acalorados siempre como están. Y para las cocineras, más tranquilitas ellas. Gracias de corazón por hacer de la Tierra un lugar más habitable y de nuestras vidas algo más bello, humano y llevadero. No os vayais nunca de las barras, no nos dejeis solos. Aguantad un poco, hacedlo un poco más. No, no nos abandoneis, nosotros nunca lo ¿haríamos? No, nunca lo haremos. Prometido. Estad seguros de ello.
UNA DE SECUESTROS
Muchas son en nuestros días las voces que se alzan contra la emigración y el colectivo emigrante. Contra la emigración procedente de los extrarradios del primer mundo y preferentemente de color, claro está. Pero hay otra peor, muchísimo más dañina, sin duda: no procede de países pobres ni el colectivo que la integra llega a nuestras calles en patera o a nado. Mas bien lo hacen en coches y desde los barrios de al lado. Tampoco entra en sus planes integrarse en su punto de destino, la Rotxapea, en este caso, barrio obrero de Iruñea hasta que llegaron ellos... y la especulación de su mano. Vienen hasta aquí a dormir y a ver la tele antes de acostarse, no a vivir, pues eso, vivir, pensamos que es algo más. Y mucho menos a hacer barrio, más bien lo contrario: a cargárselo, a acabar con una zona que, además, y por su culpa, se va a transformar hasta quedar irreconocible. Vienen a ¿trabajar? ¡já! Pues eso igual sí, mirad. O de trabajar más bien, y a todas horas. De trabajar como posesos como verdaderos “metehoros” que son. Además no les queda otra, con la de letras que tienen que pagar... Sí, en resumidas cuentas hay una emigración peor que la subsahariana o la trasatlántica; procede del interior y sus integrantes, por mucho que aparenten, pese a su aspecto de nuevos ricos, son como tú y como yo más allá del chasis: pobres diablos de aspecto pijo pero hipotecados hasta el cuello, condenados a pagar y a currar a turnos para hacerlo. Y si decimos que este tipo de emigración interna interbarrios que últimamente predomina en las ciudades es la peor lo hacemos porque así es, ya que con el beneplácito, la aquiescencia y el visto bueno de las autoridades acaba convirtiendo los otrora barrios obreros y populares en barrios pijos y del Partido Popular. Así las cosas, de la mano de la llegada de estos vecinos de nuevas ínfulas y apariencias vemos cómo la vida se encarece, el ambiente se enrarece y el barrio se desvirtúa, produciéndose distintos males con el tiempo. Por ejemplo, donde se hacía y escuchaba rock vasco ahora se escucha rock ikastolero políticamente correcto, donde rock callejero o urbano... rock de urbanización. De la señorita Pepis. Rock light de punto pijo cuyo fin es agradar en vez de tirar a dar, bajo en calorías y alquitrán y que, como el tabaco light, es mucho peor que el de verdad. Rock sin colesterol, sin gracia ni substancia, como las alubias de vigilia e hipotecado como sus vidas mismas, sin subidas y en permanente estado de bajón. Rock - por llamarlo de algún modo pues es de todo, menos eso – aséptico perpetrado por músicos de guantes higienizados que, como mucho, aspiran a participar en concursos institucionales, hacer play backs en fiestas de radiofórmula, tocar en pubs de gente bien o, ya, la hostia, a salir en series como la añorada “Policías”. Y donde se escuchaban radios libres ahora suenan emisoras cuyos contenidos “musicales” son para la música lo mismo que los Mac Donnals para la gastronomía... ¡Ah, maldita emigración de nuevo cuño, cómo os odio! Y la gente ¡ay!, la gente, qué poco informada está al respecto. Tal vez habrá que traer a Luis Aragonés para que dé una conferencia sobre ello, pues todo esto al Piloto le preocupa; sin ir más lejos su barrio, allá donde él vive, corre serio peligro de terminar así por culpa de esta invasión: de transformarse en un sitio tranquilo donde Sid Vicious no se comería nada, por culpa de esas gentes que sólo velan por lo material, auténticos indigentes a nivel espiritual y cultural. De unos bípedos que, además, la mayoría de las veces, como ya hemos apuntado, no son gentes con posibles sino pobres desgraciados también condenados a pagar su mansión con la vida al tiempo que la misma discurre junto a ellos. Pues bien, frente a este estado de las cosas el Piloto va a plantear una posible solución, se acabó: secuestremos a uno de éstos, al próximo “emigrante” que llegue, retengámosle, grabémosle un vídeo - clip y hagámosle ver de paso que la vida, en vez de sonreirle, también se le puede reir. Antes de que sea tarde, demasiado tarde, retengamos a uno de ellos, grabemos la secuencia por la cámara de vídeo de su móvil, enviémosla a los medios y hagámosles ver que o se largan él y todos los demás o les “afeitamos”, mierda de emigrantes ya...
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