DESPUÉS DE 3 ARTEFACTOS CASEROS AUTOEDITADOS; DESPUÉS DE UNAS CUÁNTAS "COLADAS" EN PRENSA Y CD´s E INNUMERABLES HAZAÑAS BÉLICO-LITERARIAS A SUS ESPALDAS, EL PILOTO SUICIDA RECALA EN LA RED PARA SEGUIR PERPETRANDO SUS "ATAKES", TAL Y COMO SIEMPRE HA LLAMADO A SUS ARTÍCULOS. EL PILOTO, EL "SOLITARIO" DE LA LITERATURA, EN BUSCA DE SU MEJOR "GOLPE", OTRA VEZ EN RUTA. NUEVO ARTEFACTO LITERARIO DE CAMINO, SEGUIREMOS INFORMANDO!!
miércoles, 4 de noviembre de 2009
LOS MEJORES CUENTOS Y LAS MEJORES REFLEXIONES DE "AGUANTANDO EL TIRÓN", NUESTRO TERCER LIBRO
LO MEJOR DE UNO MISMO
Desde la más tierna edad, desde los años del parvulario, la guardería o el jardín de infancia a los niños se les repite una y otra vez el mismo soniquete: que en la vida hay que luchar sin tregua, que hay que entregarse totalmente a aquello a lo que te dediques, sea lo que sea. Que hagan lo que hagan, en todo momento y lugar tendrán que sacar lo mejor de sí mismos para sobrevivir, incluso aunque parezca conseguido el objetivo. Y entonces, llegado el caso, con más razón, pues dormirse en los laureles no sirve para nada, “cría fama y échate a dormir”, que se dice… con lo bien que, por otra parte, se está en la camita o en el sofa sin nada que hacer, echando una cabezadita. Yo, por ejemplo, todos días me echo una siestecita. Y es que seamos serios, pues ya no somos unos niños: ¿cuál es la mejor forma de dar, de sacar lo mejor de nosotros, de cuanto llevamos en nuestro interior? ¿deslomarse trabajando a cambio de unas migajas, en la mayoría de los casos? Para nada. También se puede conseguir tal fin haciendo lo que nos salga... y nunca mejor dicho, como pronto se verá. Sin ir más lejos, la mejor manera de sacar lo mejor de uno mismo (y la más placentera) en el caso masculino es la siguiente: elucubrar sobre una “titi” que nos “ponga”, pensar fuertemente en ella, agarrar con idéntica fuerza y decisión la “herramienta” y acto seguido proceder a friccionarla hasta extraer ese bien tan preciado, hasta que salga lo que tenga que salir y nos invada la depresión post – paja. He ahí ya, sobre el sofá, lo mejor de cada cuál con forma de blanquecina marcha, pura vida - fricción. Y es que para muchos de nosotros dar lo mejor de uno mismo es sinónimo de eso, precisamente… ¿Poligamia? ¿monogamia? No, mucho mejor: manogamia, sí señor, rico, rico. Y ya veis qué fácil sacarlo a relucir, sin necesidad de dar palo al agua. Además, trabajes o no lo hagas, siempre se ha dicho que las buenas palabras, las alabanzas siempre llegan despues de que la cascas. Y en el caso de los escritores, además de ellas, la fama. Sí, tras “cascarla”. Así las cosas qué quereis que os digamos, que en nuestro caso lo dicho es más que necesario.... Que por eso me la “casco” a diario.
CALABAZAS
(DE LA SERIE “RIÉNDONOS DE LAS DESGRACIAS PROPIAS”)
“Un agricultor cosecha una calabaza de veintiocho kilos”, - leímos recientemente en un periódico local. Pues vaya cosa, valiente tontería. ¿De veintiocho, sólo de veintiocho kilos? Pues vaya mierda de calabacín. Y encima lo cuenta... cuánto creído hay por ahí, - pensé para mí. Como si sólo al agricultor de marras le hubiera pasado eso, que tras beber seguramente los vientos por una dulce dama hubiese tratado de sembrarlos junto a la doña en cuestión... para terminar recogiendo tempestades. Si más bien es un suceso de a diario esto de las calabazas, algo que le pasa a cualquiera. Y es que sólo se precisa lo siguiente para hacer dicha cosecha: cierto grado de valor, un poquitín de seguridad en uno mismo y algo sangre fría, y llegados a este punto, quedar con la zagala que se trate y declararse, ¡a por ella!
Así las cosas, tened la seguridad de que obrando de este modo el resto - las calabazas en cuestión – caerán por su propio peso, que vendrán que ni rodadas, por experiencia; a mí mismo me pasó recientemente, hace escasos meses coseché la última, una calabaza enorme, grande, grande: de veintiocho... años (gran reserva del 76) y unos ochenta kilos por lo menos. Y de otra parte... ¡Como si hubiese sido tan difícil de lograr! Si fue fácil más bien... Tan fácil tan fácil que ni me pareció apropiado salir por ahí proclamándolo a los cuatro vientos. Es más, ya sólo la posibilidad de pensar en contarlo me producía vergüenza, pero mirad, llegados a este punto, procedamos. La quería y un buen día se lo dije: cual concursante del “Un, dos, tres” jugué mi baza pensando en ganar su corazón... mas no fue así, exactamente. Pintaban bastos y llevaba esperanzas... Se hizo el silencio y entre buenas palabras y supuestos deseos – por su parte - de continuar siendo amigos... ¡calabazas!, en eso se transformaron mis sueños, pese a que aún no habían dado las doce: en puras y duras calabazas, en una de cerca de ochenta kilos en bruto, aproximadamente... y tanto que en bruto: tan en bruto como me lo dijo, porque mira que hay maneras de decir las cosas. Qué desazón. Y que aún haya quien presuma de ello, de cosechar calabazas... Es que hay gente que parece que se aburre y que no sabe qué hacer con tal de dar la nota, de salir en la prensa.
EL ARROZ
Érase una vez un miembro de la P.R.I.B.A. llamado Jesús Pareja, al que dado lo campechano de su carácter sus amistades llamaban Jesusín. Amigo de sus amigos, dicharachero y alegre por naturaleza, pese a que ya tenía cierta edad lo cierto es que permanecía soltero todavía. Pero de un tiempo a esta parte, a una con el inclemente paso de los días, con sus treinta y muchos años cual cruz a cuestas, ya se iba empezando a sentir en esa peligrosa tierra de nadie que es avanzar por la treintena, por esos años en los que el joven, más allá de sus ensoñaciones, ya no lo es ni de coña. Y es que aunque a veces le costara reconocerlo Jesús, Jesusín, ya estaba ahí, en esa fase del partido en la que, entre otras cosas y tal y como numerosos indicios le decían ... va peligrando el arroz. “Que se te va a pasar el arroz, que se te va a pasar el arroz”, le alertaba el reloj biológico como si del tono de un móvil se tratara. S.O.S., el arroz, S.O.S., el arroz. Que luego querrás y no habrá... “Bah, si no hay de esa marca ya compraremos otra”, - rumiaba el desgraciado con desdén, sin prestarle atención. Y es que pese a su inconsciencia ya estaba en la edad adulta. Así las cosas, un buen día, tras levantarse de la cama, dio en pensar en la de tiempo que hacía que no había comido arroz y que de buena gana degustaría una paella. Que le apetecía una paellita, vaya, algo que ya había comido sin problemas años atrás y que, a la vista de su cuerpo y don de gentes, pronto encontraría. Y dicho y hecho, pues no había más tiempo que perder: se duchó, se acicaló y decidió bajar al restaurante de la vida en busca de una buena paella, pero de paella casera, ojo, nada de congelados ni segundos platos. El la quería de primero y en su punto, el resto le daba igual. ¿Con conejo? ¿con almejas? Eso le era indiferente. Lo primordial era que llevase lo que llevase, la misma fuese del día, que no estuviese recalentada ni revenida: tales eran las ganas con las que se levantó aquella mañana, la apetencia por un manjar que no había vuelto a probar desde que una vez, años atrás, se atragantara con una chirla, percance que hizo que incluso llegara a temerse por su vida. Pero hoy, varios años después, estaba decidido a probar suerte nuevamente, después de tanto tiempo sin comer arroz de forma regular, picoteándolo si acaso a la deriva. Después de años y años catándolo de forma semi furtiva en las paelladas gigantes de las fiestas de los pueblos o en las de los más variados chiringuitos o discotecas: tras toda una vida de indiferencia y rollitos de primavera - o cualquier otra estación – mayormente, precocinados casi siempre y pocas veces preparados con carne fresca. ¡Si cuando se fue de casa incluso su madre le regaló varios juegos de paelleras que nunca llegó a estrenar! Y todo desde aquella vez en la que aquella maldita chirla se le atravesara de forma traicionera...
Así pues, aquel buen día, Jesús bajó de su nube, Jesusín bajó a la vida dispuesto a comerse el mundo en forma de arrozal, mas ¿qué ocurrió? Que ya era tarde, y por más que dio en buscar... ya no había, no había arroz para él. Que se le había pasado. Que, visto lo visto, el mismo había pasado de largo tiempos ha. Y en ningún lugar lo había, ni en los bares de menú ni en los afters hours, ni en los antros de “comida” rápida ni en la calle. Por ningún lado. Es más, encontrar un miserable grano sería un milagro; ¿paella? A buenas horas. Eso se acabó, le decían a Jesús, a un Jesusín al que tanto la boca como el alma se le hacían almeja y conejo por momentos, llegando a pensar en su delirio que aquello era debido a que tal y como creía, el hombre, el ser humano, no venía del mono sino de aquellos: de la almeja o del conejo, de forma indistinta. Así las cosas, tratando de responder al S.O.S. que, de forma inmisericorde, le lanzaba su estómago y a la búsqueda de un buen plato con el que saciar su corazón, decidió que lo mejor sería salir de viaje en busca de tan apreciado plato, pero ¿a dónde se dirigiría? ¿a los humedales de Santo Domingo, de los que tanto había oído hablar? ¿a los de La Habana vieja? ¿a Chochonia, país del que también le habían hablado, diciéndole que era lo más? Sí, ya lo tenía, allí iría: a Chochonia, un país del sudeste asiático productor de primer orden, famoso por sus arrozales y donde crecía un arroz blanco, finito y más que brillante, reluciente, un arroz cuyos granos eran de menor tamaño y del que le habían dado inmejorables referencias. Vamos, como que poco menos que allí, en Chochonia, hartaban a los perros con arroz y que los granos se te lanzaban por sí mismos incluso en plena calle... ¡y sin necesidad de boda! Aquello, algo así habría de ser el paraíso, sin duda. Así pues, preparó el equipaje, llamó a una agencia de viajes y prometiéndoselas felicísimas se marchó.
NO SOY COMO TÚ... AUNQUE ME SOLIDARICE CONTIGO
(DE LA SERIE “ESPACIOS PARA LA REFLEXIÓN: EL ABOGADO DEL DIABLO”)
Camarada, compañero de batallas que ante un hecho puntual reclamas mi solidaridad: Cuenta con ella pero ten claro desde el principio lo siguiente, que aunque te entienda y me solidarice contigo yo no soy como tú. Al menos, exactamente. No, ni lo soy ni pretendas que lo sea; y así lo expongo desde ya para que no haya malentendidos. Además, entiendo que el hecho solidario que me pides no implica necesariamente que tú y yo tengamos que ser iguales. Ni amigos tan siquiera. La frase que encabeza esta misiva, “No soy como tú aunque me solidarice contigo” así lo deja entrever de la mano del librepensamiento, una visión ciertamente amplia de la jugada solidaria y el concepto de soberanía personal que encierra. Además consideramos que la solidaridad con alguien, con quien sea, viste más cuanto más allá queda de ideologías. Y esto pese a que, por supuesto, consideremos igual de válida la solidaridad mostrada entre iguales; sin embargo creemos que luce más así, tal y como la estamos planteando, sobre todo cuando se trata de mostrarla con personas o colectivos cercanos... aunque con nuestras diferencias. En resumen, que al igual que explicarse o entender un suceso no significa justificarlo o al igual que “avisar” no es sinónimo de “amenazar”, pensamos que ser solidario no lo es de ser correligionario, si no, apaga y vámonos, algo que en ocasiones no es tenido en cuenta ni por unos - quienes tienden a meter a toda la disidencia en el mismo saco – ni por otros, los círculos más o menos próximos de los atacados muchas veces, cuyo comportamiento al respecto, por cierto, suele dejar tanto que desear... Sí, y aunque los embestido sean cercanos – insistimos -, y cuanto más, peor, como si sólo fuese una la causa por la que luchar. Y únicamente la de ellos, compañero, qué casualidad. Como cuando se produjeron los ataques contra ciertos grupos locales: “bah, si no los contratan los ayuntamientos más gente irá a verlos cuando vayan a un gaztetxe...” oído por estos oídos que se ha de comer la tierra. Y todavía irá más “peña” cuando se les llame a dichos grupos para tocar y se les pida que se “enrollen”, con lo que a la hora de cobrar ello significa, añadimos desde aquí; “solidaria” actitud, sí señor. Eso más bien es pretender tener a su servicio al personal, y aquí nadie es más que nadie. “Yo no soy como tú aunque me solidarice contigo”. Y es que no sólo es cuestión de recibir sino también de saber dar solidaridad cuando surge la ocasión; de acuerdo que hay más problemas, y más acuciantes incluso, pero el mundo no gira en rededor de unos, únicamente. ¡Cuántas veces la has pedido y se te ha arropado, compañero! Simplemente se trata de estar a la altura aunque el receptor no sea exactamente “de la cuerda” o aunque se llegue a pensar que su problema es de segunda, y es tan sencillo hacerlo... Y dejándolo claro si es preciso: no soy como tú aunque me solidarice contigo, he aquí la riqueza, la lección del slogan en cuestión. Así pues, recuérdalo, camarada; no, no soy como tú; yo soy yo, demasiado macarra para ser político y demasiado político para ser macarra. Cosas de ser punk.
SIMULACROS, DÍAS “SIN” Y PATOCHADAS SIMILARES
Simulacro: acción fingida. Ficción, imitación. Falsificación. Simulación “preventiva”, pasatiempos perpetrado a costa de la buena fe del personal. Timo de la estampita en nombre de la previsión aderezado con cierta hipocresía en ocasiones, añadimos desde aquí. Y es que no deja de ser curiosa la cuestión, como si cualquier accidente o desgracia se pudiera prevenir haciendo el bobo, simulándolo, como si los mismos siguieran un patrón que fuese predecible... ¡Si entonces no serían tales! ¡Si por eso son y se llaman así, accidentes, porque acontecen de forma no prevista, accidental! Pues nada, bienvenidos al mundo de los simulacros de todo y para todos, hombres y mujeres, niños y mayores, y por tierra, mar y aire, oiga: de incendio en la escuela o en la fábrica, de escape nuclear, de percance doméstico, de accidente de autobús, de trasanlántico, de aviación... días “sin” ¿eh? – escuchamos por ahí -. Sí, pues éstos, los días “sin” (sin coche, sin tabaco) también cuentan, tipo de simulación peculiar donde las haya y la más hipócrita de todas, en nuestra opinión, pues no dejan de ser más de lo mismo; de ellos hablaremos al final a modo de colofón o bola extra.
Simulacros, en fin... Y para colmo siempre con la misma coletilla tras el desarrollo de las “pruebas” o del día “sin” de que se trate, tal y como acostumbran a decir en los Telediarios... pues sin que se sepa el por qué siempre salen en todos: “todo salió según lo planeado, no ha habido desgracias que lamentar”. “Celebrado con éxito el día “sin” coche...” Como si el buga en cuestión fuese el culpable del uso o mal uso que le da el personal, ¡toma lavado de conciencia! En fin, qué fuerte. Y ensayar y ensayar, simular y simular interiorizándole a la gente de buena voluntad que no tiene nada que temer para que luego, a los años, nadie acierte a reaccionar cuando reviente de verdad la central nuclear - esa que se cae a cachos de lo obsoleta que está -, vuelque un camión de mercancías peligrosas en pleno centro del pueblo o vaya la maruja al badulaque, se incendie fortuitamente aquel y ella, de igual modo, fallezca entre las llamas. Qué fuerte, mezclar ficción y realidad de modo tan alegre y haciéndole creer a la gente que además es por su seguridad, que en caso de desgracia, siguiendo esas pautas... ¡miel sobre hojuelas! Dando a entender por ejemplo que si explota la central y la radiación alcanza a la ciudadanía, en caso de desgracia el problema será suyo por no haberse preparado, no del estado de aquélla. Ni del Estado, en general. Que esto de los simulacros es por nuestra seguridad, já, como que les importara algo la misma, cuando además, de otra parte, la gracia o desgracia de las tragedias no radica ahí, en esos entrenamientos / entretenimientos “preventivos” sino en la casualidad. En el cúmulo de circustancias que finalmente las motiva, en su carácter fortuíto. Es más, pese a que en ciertos casos incluso se puedan llegar a predecir: la llegada de un huracán, que te abandone tu chica (toda una desgracia), la muerte de un ser querido... Lo que siempre escapará al control humano, aunque se trate de hechos esperados, será saber cómo y cuál será nuestra reacción ante esos acontecimeintos, siempre sucesos puntuales... para mal. Y es que las cosas no cuentan con nosotros, pasan y ya está.
Pero mirad, por si acaso hay alguien que piense que esto no es así, ya puestos, vamos a plantear alternativas, crítica constructiva; así pues, ¿por qué no organizar simulacros... de todo, de cualquier cosa, como por ejemplo botellones “preventivos” en plan “simulacro” de cogorza en las semanas previas a las fiestas? ¿por qué no hacerlo de la muerte del abuelo, algo previsible dado que ya tiene cien años... por ver cuánto vamos a llorar? O en las semanas previas a las bodas, ¿por qué no de cómo vivir en pareja en armonía sin que los llamados a ser cónyuges se maten entre sí? ¿eh, por qué no? Porque sería ridículo, pensamos. ¡Si todos lo son! Sí, éstos y los otros, no lo dudeis. Y otra idea se nos ocurre, que estamos que lo tiramos: ¿Por qué no hacerlos al revés? “Simulacros a la inversa”: de autobuses de jubilados que no sufren accidentes, de accidentes laborales que finalmente no suceden porque se cumplen todas las medidas de seguridad, de guerras de guerrillas que no se llegan a declarar... ¿Y por qué no así mismo días “sin” de todo, además del popular día “sin” coche? Día sin aspirinas, sin electricidad en los hospitales a las horas de operar, sin teléfono, esto es, de no poderlo usar bajo ningún concepto. Día sin coche, día mundial sin tabaco, día del medio ambiente, valientes tonterías, y después de tales simulacros, al día siguiente qué. En definitiva, que esto de los simulacros, más que de ejercicio preventivo, nos tememos que es sinónimo de engaño. De tomadura de pelo, mas no se vayan todavía, que aún hay más, más “simulacros”, camuflados tras disfraces de lo más variado:
.- La creación de fundaciones u oenegés de todo tipo, auténticas tapaderas o simulacros “solidarios” donde sus mentores, más que a involucrarse en la causa que se trate, van a lucrarse directamente.
.- Considerar “deporte” a prácticas como la caza cuando la presunta “disciplina deportiva” no tiene nada que ver con éstas; además, si lo fuese, ¡controles anti doping a los cazadores ya, hasta arriba de vino como van tantas veces, tirando a todo que se mueve! (he aquí a propósito de esto un nuevo caso de “Simulacro a la inversa” que se nos acaba de ocurrir: de salir de caza sobrio, sin tener que lamentar al final del día ningún tipo de desgracia personal)
.- Intentar dar gato por liebre en determinadas fiestas mediante play – backs mal disimulados, esto es, de actuaciones musicales simuladas, más falsas que un billete de tres euros.
.- La presencia en la órbita de los triunfadores de unos curiosos personajes, auténticos “simulacros” de los mecenas de la antigüedad, que aparentan ser tales cuando no son más que unos buscavidas... a los que piadosamente, llamaremos “miscenas” habida cuenta de que a eso se dedican realmente: a gorronear cuando y cuanto pueden, y en vez de “sabelotodos” - de lo que van aunque a toro pasado, ahora que su supuesto protegido está ahí arriba -, “sorbelotodo”... y sin el menor recato, se trate de lo que se trate.
En fin, que el simulacro es una estafa, un modo de proceder que tal vez busca convertir la vida en sí en una imbecilidad. En un simulacro más o menos predecible en el que todo cuadre, el gran sueño del poder. Pero afortunadamente los sueños sueños son, Calderón.
¡LO QUE HAY QUE OIR!
¿Será posible que a estas alturas de partido todavía haya que oír ciertas cosas? ¿Será posible que aún traten de colarnos lo evidente como excepcional, que sistemáticamente nos digan las cosas al revés... y nos la metan? ¿Será posible que nunca pase nada? ¿Será posible mayor nivel de estupidez... tanto por la parte emisora como por la receptora? ¿será posible tanto gol en propia puerta? ¿será posible que, como cantaban los viejos Eskorbuto, “sólo la casualidad / podrá desatar una reacción”? ¿Será posible tanta entrada sin balón y que siempre veamos los mismos las tarjetas? Pues sí, es posible. Y es que hay frases que un crimen, un crimen... puede que no lo sean, pero un insulto al intelecto colectivo... ¡mayúsculo! Lean, lean.
“ETA mata cuando puede”, ojo al dato: he aquí una aseveración rotunda, de carácter presuntamente concluyente, una perla que podemos atribuir a cualquiera de los seres de dos patas que en unos u otros tiempos han dirigido el Ministerio del Interior, y donde se lee “mata” poned “actúa”, también, en ocasiones, regurgitado por los mismos; ¿sí, en serio? ¿de verdad creeis que lo hace...“cuando puede”? ¿y quién no hace lo que hace “cuando puede”? Porque la Guardia Civil también actúa “cuando puede”, y la Policía Nacional, la Ertzantza, los marines destacados en Irak... o El Piloto Suicida mismamente. Hasta ligar. Y es que todo el mundo hace lo que hace “cuando puede”, qué tontería... Veamos a continuación otra frase magistral, en este caso atribuída a don Miguel Sanz Sesma, de profesión, navarro: “Los nacionalistas nunca dan nada gratis (27 – IX – 2004)”. ¡No jodas! y ¿quién da algo gratis en estos tiempos? ¿acaso los no nacionalistas? ¿el panadero de su calle? ¿el camarero del karaoke donde acude a cantar? pero por otra parte, cuando se refiere a “los nacionalistas” ¿a quiénes lo hace, a los nacionalistas vascos o a los nacionalistas españoles? ¿a los nacionalistas navarros tal vez... ahora que cuentan incluso con selección de fútbol propia? ¿o habría que llamarla contra – selección? Desde luego, hay que ver cómo está el patio, cómo se nota que hablar, que pronunciarse en público es gratis, que eso sí lo es... Y acto seguido una última perla referida en esta ocasión al hecho de dar gato por liebre sin que su autor se inmute por ello para nada, en este caso el Ministro italiano de Política Comunitaria Rocco Buttiglione, todo un experto en estas artes del birlibirloque: “el integrismo laico hace de los cristianos ciudadanos de segunda”. Y el que haya bajado el Celta también lo hace de sus seguidores ¿no? ¡nos ha jodido el profeta, de segunda los cristianos! ¡Si se expresa mejor que el imán Sebastián! Por otra parte ¿integrismo laico? ¡pero qué dice! ¿desde cuándo el laicismo, doctrina que precisamente aboga por la independencia del hombre y de la sociedad de toda influencia religiosa... puede ser integrista? ¿no serán los verdaderos integristas la concepción que el tal Buttiglione tiene del cristianismo y él mismo?
Pues va a ser que sí, y es que dime cómo hablas... y te diré si maulla, pues más que liebre creemos que va a ser gato su alegato; y una cosa es con queso, pero a estas alturas de la vida, intentárnosla dar con tranchetes como que no... En cualquier caso ¡lo que hay que oír!
LA CABEZA
Érase una vez un ciudadano llamado Andrés Cabeza, popular, campechano y militante a ojos cerrados de la causa de su pueblo hasta tal punto que ésta era el principal motivo de su vivir y sinvivir; de hecho prácticamente todo tipo de misiones relacionadas con ella recaían en él, desde la coordinación de cualquier protesta o reinvindicación en favor de los más desfavorecidos hasta la instalación de las txoznas, portar el toro de fuego o contratar las orquestas del espacio festivo alternativo. Andresín, como era conocido por sus convecinos, vivía y se desvivía por su pueblo bastante más que la Corporación Municipal y que los poderes fácticos locales, eso por supuesto, los cuales, por otra parte, comenzaban a mostrarse celosos ante su desinteresado proceder, recelando cada vez más del mismo. Así las cosas, basándose en argumentos como las buenas relaciones que mantenía con los sectores más combativos, las cuales no estaban ni medio bien vistas por los ciudadanos de “orden”, en un primer momento comenzaron desde la alcaldía a difamarle y a levantar calumnias en su contra, a llamarle “radical” y “amigo de los violentos”, para pasar acto seguido a criminalizarle directamente en un intento de separarle de sus funciones, de apartarle de la vida pública; llegados a este punto, se impidió por decreto su acceso al salón de plenos y, acto seguido, se tomó la decisión de expulsarle del pueblo. Pero no quedó ahí la cosa, pues a continuación, tras interiorizar sus tesis en la cuidadanía, tras conseguir mediante sibilinas tretas y todo tipo de supercherías que el bueno pareciese malo y aquéllos, buenos, no contentos con su muerte civil, pensaron que, en aras del bien común, lo más oportuno de cara a las elecciones que se avecinaban sería cortarle la cabeza. Decapitarlo de forma pública. Se llevó el asunto a pleno y así se decidió por una nimiedad... Sí, han leído bien. Por muy pocos votos de ventaja: por una nimiedad (es que, por desgracia, siempre hay más fachas... y que nadie lea “unanimidad”). Ya ven de qué forma estaba dispuesta aquella Corporación a pagar a uno de sus mejores hijos por sus desvelos. Pasó un tiempo desde la toma de la decisión y Andrés fue primeramente encarcelado... de forma preventiva, claro está, fijándose a una con el inicio de la campaña electoral el día y la hora de la decapitación. Definitivamente todos le habían dejado de lado, incluso el presunto “Defensor del Pueblo”, que bien a las claras manifestó tan pronto como tuvo la ocasión que él no defendía a “terroristas”, dando así por zanjada la cuestión. Y allí estaba ahora el presto a ser descabezado, en los calabozos, prácticamente desnudo frente al mundo, sin ropas ni zapatos tan siquiera, pues además de aquel así llamado “Defensor del Pueblo” - auténtico mamporrero del poder - hasta el mismísimo zapatero del lugar incluso, persona de buen talante para algunos, decía no tener zapatos para él... pese a que en su campaña de mercadotecnia repitiera por activa y por pasiva que mientras él estuviese al frente de su tienda a nadie le faltaría calzado. “Zapatos para todos”, “zapatos para todos”, se desgañitaba por las plazas al tiempo que, arqueando las cejas, hacía como que sonreía y extendía octavillas.
Pero al mismo tiempo que corría la cuenta atrás comenzó un intenso debate acerca de la polémica decapitación, pues no todos los vencinos estaban a favor de un atropello que no contaba no ya con precedentes, sino con una mínima base judicial. Así las cosas, a pocos días del Día D dio en generarse un estado de opinión curioso, cuando menos, pues los mismos que por medio de su confabulación, de sus bulos, iban a conducir a Cabeza hasta el patíbulo (“pa´ ti bulo”, ¡toma ya!), no contentos con su decisión comenzaron a quejarse porque, según decían, la misma estaba aumentando la popularidad de aquel: “ahora más que nunca Andrés es el centro de atención, ha sido peor el remedio que la enfermedad” – decían algunos -; “no, si todavía le va a venir bien que le corten la cabeza, mirad todo que se está hablando de él, si nos está quitando protagonismo a los demás”. “Es que además va a haber que cortársela porque se está poniendo agresivo de verdad...”, argumentaban otros. Sesudas argumentaciones, en verdad. Además, al mismo tiempo que los partidarios de la decapitación se reafirmaban en su decisión comenzaron a acusar a los simpatizantes y amigos de Andresín de todo tipo de delitos, los cuales, organizados ante la que les venía encima, en opinión de aquellos ciudadasnos “estaban comenzando a amenazar e intimidar al resto de la población”; según apuntaban, “la presencia de aquellos por el pueblo en los días previos al Día D coartaba las libertades de reunión, libre circulación o expresión del resto de los ciudadanos”. Y es que al parecer, con los mismos por las calles, la turba no podía hablar a gusto de su presa. He aquí lo tranquilas que debían tener sus conciencias. De este modo fue cómo los allegados de Andrés llegaron a ser denunciados y nada más y nada menos que ¡por amenazas!: por manifestar sin ambages que la decisión de decapitar a su amigo no era la solución para ninguno de los problemas que acechaban a la localidad: paro, déficit democrático, apertheid político, exclusión social... Claro, ¿qué iban a hacer éstos a la vista de los acontecimientos? ¿oir, ver y callar? Y al aire del “todo vale” que enrarecía la localidad los ciudadanos “de orden” dieron en llamarles de todo: alimañas, verdugos, asesinos... al tiempo que el Ayuntamiento hacía “llamamientos a la calma”, utilizaba en vano una y mil veces la palabra “democracia” para justificar el desmán o decía posicionarse por la paz. Ser puta y pagar la cama, vamos, eso se les exigía a los allegados de Andresín. Pero había más opiniones al respecto, como la representada por ejemplo por un sector de la población que aunque afirmaba no apoyar la decisión decía compartirla, grupo que para el día de la decapitación anunció su presencia, pidiendo que la misma se entendiese como de “apoyo logístico” o “ayuda humanitaria”: allí estarían “por si había que colocar algún tipo de apósito o tirita al desgraciado si en el curso de la decapitación sufría algún corte menor, o, directamente, si había que rematarlo por que no sufriera”, según manifestaban. “Que le corten la cabeza pero de la forma más aséptica e indolora posible, sin hacerle mucho daño”, concluía otro grupúculo desde su ignorancia. Por último también estaban los que a sabiendas de lo injusto de la ejecución, conforme avanzaban las horas, iban haciendo de tripas corazón y cambiándose de bando por si acaso: al de las lágrimas de cocodrilo, pidiendo la suspensión de la misma... pero con sordina, no muy alto... por si había que desandar lo andado. Iban pasando los días y a una con su transcurrir se iba hablando más y más en los corrillos de cosas relacionadas con el tema, como de “la crisis de Andresín” o de “el problema de Andrés” (?) , cuando ni él era el problema ni la causa de la “crisis”. Bueno, tal y como se habla habitualmente en otros contextos de asuntos similares: “la crisis de Irak”, “el problema vasco”... ¿les suena?
Finalmente, llegó el día y se consumó el descabezamiento ante la mirada hacia otro lado incluso del verdugo, mas ni aun así se arreglaron los problemas; ¡si incluso en la noche electoral, una vez disputados los comicios, se retrasó el recuento de los votos habida cuenta de que Andresín siempre había formado parte de la mesa, bien obligatoriamente, bien como interventor... y sin su presencia todos estaban perdidos, sin saber muy bien qué hacer! Y es que Andresín, ahora más que nunca sin el “sin”... era mucho Andresín...
(Basado en hechos reales sucedidos a finales de Agosto de 2002 en la conocida aldea poblada por irreductibles galos que, a pesar de todo, continúa al pie del cañón. Y es que podrán atropellar, sacar de la ley y encarcelar, atarnos de pies y manos, mas de la mano de la poción mágica del pensamiento, el inconformismo y, frente a su versión, la subversión, siempre seremos invencibles. Podrán cortarnos la cabeza pero nunca cercenarnos el cerebro.)
SEGURIDAD. ESTABILIDAD.
La vida es un milagro
(Emir Kustorika)
Más allá de salud, dinero y amor lo que pedimos, lo que buscamos en la vida con verdadera insistencia es “seguridad” y “estabilidad” (voz ésta última derivada de “estable”, del latín “stabilis, stabile”; no confundir con la raiz del término “establo”, procedente de “stabulum, stabuli”) Y nos pasamos la vida buscando ambas, seguridad y estabilidad, algo que a la hora de la verdad ni el coche más seguro nos ofrece. Y en cualquier orden de la existencia: en el plano laboral, por ejemplo, soñando con el “trabajo fijo” que nos la aporte, osease, con un empleo “pijo” de los de no trabajar, o en el sentimental por medio de búsqueda de la “pareja estable”... cuando curiosamente somos de todo menos “estables” y no estamos seguros ni de nosotros mismos. Como para estarlo de l@s demás. Por cierto, volviendo a las raices del término “estabilidad”: habida cuenta del parecido que en lo que a etimologías se refiere hay entre “stabilis, e” y “stabulum, i”... en nombre de la “estabilidad”, ¿no buscaremos en realidad “estabulidad”, esto es, la seguridad del establo, del rebaño? Nos da que sí. Y así obramos y pasamos el día a día, a la búsqueda de la misma dentro de la manada. Lejos de la iniciativa propia, cuando paradójicamente la vida es lo más inseguro que hay, ¡si pendemos de un hilo! En resumidas cuentas, ¿cómo aferrarse a ellas, a la consecución de una seguridad y una estabilidad cuando todo es relativo, comenzando por la misma vida? Por otra parte, ¿cómo se puede buscar ambas en un mundo como éste, que por ser es de todo menos estable y seguro? ¿Cómo en un mundo regido por las más sutiles formas de violencia? Guerras ilegales, bombardeos indiscriminados, bombazos integristas, salvaje violencia doméstica, “deslocalizaciones” de la producción...
Si en lo que se refiere a la existencia el auténtico misterio no debería girar en torno de la muerte, sino de la vida en sí, de vivir. Si lo que tal vez debería crearnos extrañeza no habría de ser el pensarnos mortales... sino el comprobar cómo vamos viviendo... y sin saber ni el por qué, en ocasiones. En ser conscientes de que la vida es el auténtico milagro. No, no es la muerte lo que como nos repiten una y otra vez no tiene explicación... sino la vida. He aquí el verdadero milagro: vivir, el día a día. Como para pretender además encontrar “seguridad” o “estabilidad”. La del equilibrista, si acaso. No sabemos del hoy, de qué será de nosotros en unas horas y sin embargo nos preocupamos por el día de mañana, el cuál a saber si existirá. No, no existe el día de mañana. No existe, más allá del mañana... y si llega. Nadie te lo va a presentar. El porvenir no existe, poco es: lo que está por venir, hagas lo que hagas. Si ha de venir, ya lo hará. En la vida, desde el mismo momento de la concepción todo es fruto del azar y nadie nos ha hablado de ello. Por el contrario, vemos cómo nos siguen educando de cara al día de mañana en vez de para afrontar el presente, cuando en esta miserable vida todo es fruto de la casualidad: ser concebido, resultar de sexo masculino o femenino, nacer, conocer a una persona interesante, morir... Pero eso ya son palabras mayores que veremos más despacio en otros escritos, después de la publicidad...
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